Entrevistas a prostitutas prostitutas guatemala

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Yo el personaje lo encaro como a todos, defendiéndolo. Siempre hay que defender a los personajes, da igual que interpretes a una profesora o a un asesino. La cosa es no contaminar con tu personalidad al personaje: No hay cifras exactas, pero se habla de unas Este año he interpretado a tres prostitutas.

Pues este año, cosas de la vida, he interpretado a tres prostitutas. En registros completamente diferentes, eso sí, desde el drama a la comedia. No sé si subvencionadas, pero las prostitutas lo que deben ser es respetadas. El Gobierno, el Estado, debe ser consciente de que el respeto es para todos. El trabajo que hace Asier es digno de elogio. Es para ponerle una calle en Chueca ríe. Yo es algo que aprecio mucho, ver una película que no sirva solo para emocionar, que también haga pensar.

Algo de cine social tiene, claro. Pero lo importante es si el espectador hace una reflexión. Una trabajadora sexual es alguien que vende un servicio, que hace una transacción comercial. Hay muchas mujeres que sin llamarse trabajadoras sexuales tienen este comercio, esta transacción comercial con varones: De ahí que se diga que esto es malo. Pero no hay bueno y malo en sí mismo; eso lo decide la sociedad. La sociedad machista desde tiempos inmemoriales puso en menos a la mujer, la prostituyó, la rebajó, la convirtió en simple objeto para el uso masculino.

Las mujeres desde toda la historia venimos sufriendo esta violencia patriarcal, que en definitiva es una violencia política. La mujer nunca podía decidir, no tenía voz y voto. Ahora, si bien hay mucho que cambiar todavía, ya empezamos a hacernos escuchar, nuestra voz comienza a escucharse. Las mujeres que nos dedicamos a ser trabajadoras sexuales lo hacemos porque vemos que es un negocio rentable.

Aclaro que no cualquier mujer, por razones psicológicas muy personales, puede ser una trabajadora sexual, puede tener relaciones sexuales con cualquier hombre y cobrando. En cambio una trabajadora sexual es eso mismo ante todo: O sea que tomamos nuestra actividad como un trabajo, no como una relación sentimental.

Es como una profesión: Para la sociedad machista puede parecer muy grotesco lo que hacemos, pero para nosotras no: Las trabajadoras sexuales no nos arrepentimos del trabajo que hacemos. Y aquí hay que hacer una diferencia muy importante: Ellas sí son explotadas; ellas no eligieron esa vida de martirio. Ellas sí quieren salir de ese contexto de explotación, abuso y violación de sus derechos. Esas mujeres no se arrepienten de su acto propiamente dicho: Ellas sí son violentadas, violadas en sus derechos, marginalizadas.

Ellas sí tienen mucho de que arrepentirse, porque su vida es un verdadero martirio, porque viven explotadas. Pero una trabajadora sexual no, porque estamos empoderadas, somos luchadoras, tenemos claro qué queremos. En definitiva, porque tenemos una posición política clara en la vida. No nos arrepentimos sino que estamos orgullosas de ser lo que somos. Por ejemplo, compañeras mías que se dedican a este trabajo, en unos años, tomando conciencia de sus derechos, sabiendo hacerse valer, han tenido un cambio fabuloso.

Estas mujeres, entre las que me incluyo, ahora sabemos a dónde queremos ir, tenemos metas claras, tenemos un proyecto. Una trabajadora sexual, por el contrario, es como una cuentapropista: Se establece el contrato con el cliente: Es una transacción comercial, y ahí nosotras, como trabajadoras por cuenta propia, no perdemos. Una prostituta, una mujer prostituida, por el contrario, no gana lo que quiere.

La trabajadora no tiene la retribución económica justa por su trabajo, porque se lo roban, porque tiene un proxeneta que la explota. Vivimos una moral horrible, porque la sociedad utiliza a las prostitutas, pero luego las desprecia, y todo lo que se salga de la llamada moral sexual normal es mal visto.

Aquí hay demasiada hipocresía. Desde tiempos inmemoriales el poder masculino utilizó a la mujer como objeto sexual, y los varones visitan prostitutas en todas partes del mundo, desde todos los tiempos. Para una trabajadora sexual es gratificante saber que nadie la explota, que hace valer sus derechos y que con su trabajo, elegido libremente, puede mantener a su familia, tal como es mi caso por ejemplo.

Lo que sucede es que las sociedades siguen siendo terriblemente machistas y patriarcales, por eso la mujer que tiene varios hombres es mal considerada, denigrada, deshonrada. Pero ahí habría que incluir una enorme cantidad de mujeres que, sin decirse explícitamente trabajadoras sexuales, tienen transacciones sexuales con un hombre.

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Ese era un mensaje que Guatemala necesitaba. Yes, we can, sí se puede". El fiscal pudo comprobar el altísimo índice de criminalidad que padece el país centroamericano.

Lo sabe bien Castresana, que explica: Después de 36 años de guerra civil, se estima que hay Es una situación explosiva". Pero ahí no acaban los acuciantes problemas del país, azotado por lo que se conoce como limpieza social: Pero esto se producía y se sigue produciendo. Donde el sistema de justicia no funciona, la tentación es tomarse la justicia por propia mano.

Y hay un sector muy importante de la sociedad guatemalteca que todavía hoy bendice esa clase de acciones y dice: Así se elimina a personas consideradas dispensables en ese contexto aberrante".

Esa especie de escuadrones de la muerte han existido durante todos los Gobiernos desde la firma de los acuerdos de paz Como tampoco se aprecia una disminución en esa terrible tragedia que supone el asesinato de mujeres un promedio de cada año , víctimas de la violencia de género. Supongo que usted y sus colaboradores sufrirían amenazas. Cuando nosotros llegamos, creían que nos íbamos a dedicar a hacer estadísticas, informes Yo llegué a ser un personaje con demasiada controversia y consideré que mi tarea estaba cumplida y que ayudaba a Naciones Unidas y a Guatemala mejor fuera que dentro.

No me habría granjeado tantos enemigos si me hubiera dedicado a hacer estadísticas; los malos habrían estado muy contentos. Había una incipiente organización de un atentado que habría culminado con un intento de matarme. Había una trama constituida para matarme. El problema es que esta campaña de desgaste no tenía casi respuesta por parte de quien debería haber defendido institucionalmente a la CICIG.

La campaña fue brutal. Yo había padecido cosas parecidas en España, pero aquí eso no incidía de una manera tan significativa en el trabajo ni en los resultados. Allí, en Guatemala, llegó un momento en el que sí afectaba. Era una campaña de dos individuos de extrema derecha, pero atacaba a uno de los talones de Aquiles de la comisión de la ONU, que era su credibilidad en cuanto a la neutralidad política de sus acciones.

Eso hacía inconveniente que yo siguiera. Pero si era materialmente imposible Yo vivía rodeado permanentemente, durante 24 horas al día, de 16 escoltas y no tenía vida privada. Eso era tan falso como lo que se decía de que yo había contratado a alguna colega a la que le había duplicado el sueldo. Yo ni contrato ni pongo los sueldos de otros colegas, sino que los pone Naciones Unidas. Tengo guardado un documento que se incautó a unos grupos clandestinos en el que se decía que yo era incorruptible, lo cual les agradezco.

Pero el documento decía literalmente: Los progresos que se van haciendo se tienen que consolidar en periodos muy largos de tiempo. Hay que ser paciente y constante. Antes y después de esas fechas habría sido imposible. Desde , las circunstancias han vuelto a ser adversas. Sin embargo, desde la llegada del presidente Obama empieza a revertir. De ahí que se diga que esto es malo. Pero no hay bueno y malo en sí mismo; eso lo decide la sociedad. La sociedad machista desde tiempos inmemoriales puso en menos a la mujer, la prostituyó, la rebajó, la convirtió en simple objeto para el uso masculino.

Las mujeres desde toda la historia venimos sufriendo esta violencia patriarcal, que en definitiva es una violencia política. La mujer nunca podía decidir, no tenía voz y voto.

Ahora, si bien hay mucho que cambiar todavía, ya empezamos a hacernos escuchar, nuestra voz comienza a escucharse. Las mujeres que nos dedicamos a ser trabajadoras sexuales lo hacemos porque vemos que es un negocio rentable.

Aclaro que no cualquier mujer, por razones psicológicas muy personales, puede ser una trabajadora sexual, puede tener relaciones sexuales con cualquier hombre y cobrando.

En cambio una trabajadora sexual es eso mismo ante todo: O sea que tomamos nuestra actividad como un trabajo, no como una relación sentimental. Es como una profesión: Para la sociedad machista puede parecer muy grotesco lo que hacemos, pero para nosotras no: Las trabajadoras sexuales no nos arrepentimos del trabajo que hacemos. Y aquí hay que hacer una diferencia muy importante: Ellas sí son explotadas; ellas no eligieron esa vida de martirio.

Ellas sí quieren salir de ese contexto de explotación, abuso y violación de sus derechos. Esas mujeres no se arrepienten de su acto propiamente dicho: Ellas sí son violentadas, violadas en sus derechos, marginalizadas. Ellas sí tienen mucho de que arrepentirse, porque su vida es un verdadero martirio, porque viven explotadas. Pero una trabajadora sexual no, porque estamos empoderadas, somos luchadoras, tenemos claro qué queremos. En definitiva, porque tenemos una posición política clara en la vida.

No nos arrepentimos sino que estamos orgullosas de ser lo que somos. Por ejemplo, compañeras mías que se dedican a este trabajo, en unos años, tomando conciencia de sus derechos, sabiendo hacerse valer, han tenido un cambio fabuloso. Estas mujeres, entre las que me incluyo, ahora sabemos a dónde queremos ir, tenemos metas claras, tenemos un proyecto. Una trabajadora sexual, por el contrario, es como una cuentapropista: Se establece el contrato con el cliente: Es una transacción comercial, y ahí nosotras, como trabajadoras por cuenta propia, no perdemos.

Una prostituta, una mujer prostituida, por el contrario, no gana lo que quiere. La trabajadora no tiene la retribución económica justa por su trabajo, porque se lo roban, porque tiene un proxeneta que la explota.

Vivimos una moral horrible, porque la sociedad utiliza a las prostitutas, pero luego las desprecia, y todo lo que se salga de la llamada moral sexual normal es mal visto. Aquí hay demasiada hipocresía. Desde tiempos inmemoriales el poder masculino utilizó a la mujer como objeto sexual, y los varones visitan prostitutas en todas partes del mundo, desde todos los tiempos.

Para una trabajadora sexual es gratificante saber que nadie la explota, que hace valer sus derechos y que con su trabajo, elegido libremente, puede mantener a su familia, tal como es mi caso por ejemplo.

Lo que sucede es que las sociedades siguen siendo terriblemente machistas y patriarcales, por eso la mujer que tiene varios hombres es mal considerada, denigrada, deshonrada. Pero ahí habría que incluir una enorme cantidad de mujeres que, sin decirse explícitamente trabajadoras sexuales, tienen transacciones sexuales con un hombre. Nosotras, las trabajadoras sexuales asociadas, organizadas en nuestras asociaciones y debidamente empoderadas, no queremos que se nos asimile con las mujeres violentadas y manejadas por estas redes, porque eso nos pone en un pie de igualdad con aquellas mujeres a las que no se les respetan sus derechos.

Si nos encajonan en ese mismo paquete y nos ponen como mujeres en prostitución, nos ponen en una situación de indefensión, siendo justamente todo lo contrario lo que buscamos con nuestras organizaciones.

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